RESPONSABILIZARSE UNO MISMO, CRECER.

Cumplir años no significa necesariamente convertirse en adulto. Entendemos que hacerse adulto es llegar a un punto de desarrollo físico e intelectual determinado, sin embargo solemos olvidar el desarrollo emocional que lo acompaña, pues de un adulto también se espera que sea responsable y consecuente. Responsable con uno mismo y con los demás, capaz de hacerse cargo de su autocuidado, estados emocionales, relaciones, decisiones…

“Crecer duele” no es fácil, implica enfrentarse con uno mismo, reconocer las propias vulnerabilidades, ser humilde. El hecho de responsabilizarse de todo lo que tenga que ver con uno mismo implica renunciar a la búsqueda de culpables y asumir un conflicto interno  muy doloroso que intentamos evitar a toda costa.

Cuando el problema, el conflicto, las emociones negativas, las relaciones dolorosas son provocados por otros quedamos exentos de hacernos cargo de nuestra parte de responsabilidad, de mirarnos a nosotros mismos y de contactar con aquello que nos duele. Esta evitación la hacemos a diario: “He llegado tarde porque había atasco” sabiendo que a las 8 de la mañana siempre lo hay y evitando responsabilizarte de levantarte más temprano o buscar otra manera de ir. “Que mi novia salga por la noche hace que desconfíe de ella” poniendo la culpa de tu desconfianza en el otro evitas contactar con alguna inseguridad o un miedo al abandono que es sólo tuyo. En estas situaciones nos colocamos en una posición de víctima pasiva de las circunstancias, quitándonos la posibilidad de hacer algo al respecto, como si no fuera con nosotros.

No hacernos responsables de nosotros mismos nos ayuda a evitar algo doloroso, nos sirve, pero también nos impide. Una persona que no es responsable de sí misma no es libre. Darnos cuenta de que podemos decidir y elegir cómo queremos ser o cómo queremos hacer, más allá del miedo e incomodidad inicial, nos da poder, nos da el verdadero control sobre nuestros problemas. Nadie tiene poder sobre ti si tú no se lo das, nadie puede “hacerte sentir” una emoción u otra, si tú te haces cargo de lo que sientes y de lo que te corresponde, pues lo que sientes es tuyo y no algo que te esté pegando el otro. Cada uno de nosotros somos dueños de nuestras emociones y pensamientos, no somos víctimas de lo que hagan o digan los demás, y sólo haciéndonos cargo de ello somos capaces de hacer algo distinto, de cambiar y de crecer.

Escrito por Rocío Hernández psicóloga del equipo NB

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