SILENCIOS QUE DESGARRAN: EL ABUSO SEXUAL EN LA INFANCIA

Vivimos en una sociedad en la que en ocasiones, se gritan frases huecas, mientras se silencian narrativas llenas de dolor y desolación.

Múltiples estudios avalan que alrededor de un 20% de la población ha sufrido abuso sexual en la infancia y sin embargo, sabemos que sólo alrededor de un 50% de esas personas lo contarán algún día, quedando la mitad restante bajo el peso del secreto. Cabe preguntarse por qué tantas personas están acallando estas vivencias, y cuánta responsabilidad tenemos en todo esto como sociedad.

El abuso sexual infantil es una lacra social que parece estamos empeñados en silenciar. En ocasiones es tan doloroso de escuchar y vivir que puede hacernos mirar hacia otro lado y a las víctimas, enterrarlo bajo el peso del olvido, aunque como dijo Benedetti el olvido esté lleno de memoria.

Con todo esto, se hace fundamental un aumento de la conciencia social de cara a mejorar la detección y fomentar la prevención e intervención en los abusos sexuales en la infancia.

Cuando un niño o una niña está siendo abusado normalmente le es difícil expresarlo con palabras, pero hay una serie de “señales” que tanto los progenitores como la gente que trabaja con menores debemos de tener en cuenta. La presencia de estos comportamientos no significa que se esté produciendo, aunque sí es importante observar para poder prestar atención a qué está sucediendo en el menor. Algunos indicadores pueden ser:

  • Presencia de pesadillas
  • Dificultades de concentración
  • Cambios bruscos en la rutina alimentaria
  • Heridas y/prurito en la zona genital y/o anal.
  • Cambios en el estado de ánimo repentinos que no se pueden explicar por otra causa.
  • Comportamientos sexuales no acordes con su edad.
  • Juguetes, dinero u otros regalos de los que no se conozca su procedencia.
  • Rechazo al propio cuerpo.
  • Lenguaje sexual no adecuado a su edad.
  • Abuso de drogas.
  • Autolesiones.James Rhodes, concertista y escritor de su autobiografía a los 40 años (Instrumental), narra las consecuencias de las agresiones sexuales en la infancia de forma clara y sin tapujos. Él afirma queLa vergüenza es el motivo por el que no se lo contamos a nadie. Las amenazas funcionan cierto tiempo, pero no años. La vergüenza asegura el silencio.Como dijo Mario Benedetti “El día o la noche en que el olvido estalle, salte en pedazos o crepite, los recuerdos atroces y los de maravilla quebrantarán los barrotes de fuego, arrastrarán por fin la verdad por el mundo y esa verdad será que no hay olvido.”
  • Disminuir la vergüenza que acalla a las personas supervivientes parte de eliminar el estigma social que las rodea. Así se hace necesario nombrar, escribir, legislar, quejarse, identificar, esforzarse en prevenir, educar, empoderar, atender, mirar, cuidar y en definitiva, hacernos cargo como sociedad de gritar ante tan largo silencio.
  • Las consecuencias psicológicas del abuso son múltiples, caracterizándose fundamentalmente por dificultades a la hora de comprender, nombrar y en definitiva, regular el propio mundo emocional. Así las y los supervivientes buscan maneras de poder acallar el sufrimiento, aunque no siempre sean las más adecuadas. 

    James Rhodes, concertista y escritor de su autobiografía a los 40 años (Instrumental), narra las consecuencias de las agresiones sexuales en la infancia de forma clara y sin tapujos. Él afirma queLa vergüenza es el motivo por el que no se lo contamos a nadie. Las amenazas funcionan cierto tiempo, pero no años. La vergüenza asegura el silencio.

    Disminuir la vergüenza que acalla a las personas supervivientes parte de eliminar el estigma social que las rodea. Así se hace necesario nombrar, escribir, legislar, quejarse, identificar, esforzarse en prevenir, educar, empoderar, atender, mirar, cuidar y en definitiva, hacernos cargo como sociedad de gritar ante tan largo silencio.

    Como dijo Mario Benedetti “El día o la noche en que el olvido estalle, salte en pedazos o crepite, los recuerdos atroces y los de maravilla quebrantarán los barrotes de fuego, arrastrarán por fin la verdad por el mundo y esa verdad será que no hay olvido.”

    Escrito por Ana Moyano psicóloga del equipo NB.

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